Recogida de ropa para Navidad

Para esta Navidad, queremos invitaros a repartir a otros la alegría del Nacimiento del Señor.
Por eso os recordamos que está abierta la recogida de ropa para los pobres, que podréis entregar el jueves 17, bien en una institución como el Cottolengo (donde ya algunas colegialas habéis visto que llega a los pobres en primera persona), bien por las calles del barrio, donde tantas veces veis personas que tienen que sobrevivir pidiendo la ayuda a los demás.
Aprovechando si el fin de semana estáis en casa, podéis revisar vuestros armarios, donde tantas veces hay ropa que ya no usáis. Aún así… ¡qué bonito sería que alguna se lanzase a dar, como decía la M. Teresa de Calcuta: “hasta que duela”, dando de lo que le gusta!
El Señor os pagará vuestra generosidad, como paga Él, al 100×1.
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Voluntariado en el Cottolengo

Entre multitudes de turistas, dejando atrás las interminables cadenas de autobuses, con una mezcla de idiomas de fondo, y respirando el aire modernista que desprende el Parc Güell, se encuentra el Cottolengo.

Hace un par de semanas algunas de las colegialas y excolegialas del CMU Mater Salvatoris, nos acercamos al Cottolengo de Barcelona para ayudar en lo que necesitasen.

Muchas tal vez no conozcáis el Cottolengo, a las que fuimos a realizar el voluntariado, primero nos pusieron un vídeo de presentación del centro y de la organización. Información que nos fue útil para ponernos en situación y saber exactamente cuál era el motivo de ser del Cottolengo.

Algo que nos quedó muy claro es que, el CottolengoCottolengo-del-P.-Alegre-en-Algete2, es una familia. Los requisitos para poder formar parte de esta familia son dos: que la enfermedad que tenga sea incurable y que sean pobres, que por sus posibilidades económicas no puedan ser atendidos en otros centros.

Os preguntaréis, si es una organización religiosa que su razón de ser es cuidar de enfermos incurables, ¿de dónde obtienen los fondos para funcionar como es debido?
Pues bien, aunque pueda parecer utópico, en el Cottolengo viven de la Divina Providencia. No tienen subvenciones y no piden ni aceptan nada que sea fruto de petición. Quieren vivir colgados de Dios, al amparo de su Providencia. Él sabe lo que necesitan. Por eso la casa del Cottolengo es casa de oración.
Y reciben todo tipo de ayudas: económicas, ropa, alimentos, libros… y sobre todo la ayuda de todas esas personas que quieren integrarse en esta familia para hacer realidad el ideal de su fundador:

“Amar a Dios y a los pobrecitos por amor de Dios,
pero amor de obras no de palabras”
P. Jacinto Alegre

Para conocer más sobre la maravillosa história del Cottolengo del Padre alegre, os invitamos a que visitéis su página web.

A continuación os vamos a contar la experiencia que vivimos ese día, en el que tuvimos la oportunidad de ofrecer nuestra ayuda a gente que realmente la necesita y que pudimos formar parte por una hora de la gran familia del Cottolengo.

Al llegar ahí nos recibió una de las Hermanas de la casa y tras el vídeo nos explicó algunos de los casos que habían tenido y tienen en la casa. Y entonces ya nos pusimos el delantal y subimos a dar de comer a las chicas de las plantas dos y tres.

Allí encontramos que algunas ya estaban sentadas en la mesa o sus sillas de ruedas ya estaban colocadas para que les fuésemos dando de comer. La experiencia fue muy divertida, las chicas estuvieron muy tranquilas y fueron muy agradecidas con nosotras. Una vez ya se habían acabado el postre, las llevamos a que les cepillasen los dientes y lavamos los platos y dejamos limpio el comedor. Al acabar, estuvimos con algunas de las chicas y nos enseñaron sus camas, sus fotografías, sus peluches, nos pidieron que cantásemos con ellas. En definitiva, una gran experiencia.

Personalmente, tube una muy rica experiencia personal. Fui con algo de miedo por lo que me pudiese encontrar y supongo que ese bloqueo fue el que me hizo ver que no era para tanto, que todo era muy normal y que no había porqué alarmarse. Salí contentísima y llena de amor. El voluntariado en el Cottolengo me sirvió de subidón de felicidad y me duró varios días. Así que os lo recomiendo que no solo haréis un bien para la gran familia del Cottolengo sino que os haréis un bien a vosotras mismas.